Validar antes de corregir
Las emociones de tu hijo son reales y válidas, aunque su comportamiento no lo sea. Antes de poner un límite, reconoce lo que siente. «Entiendo que estás enojado porque quieres seguir jugando» abre un espacio de confianza que hace que el límite que sigue se reciba mejor.
Evitar
«No llores por eso, es una tontería.»
Usar
«Veo que estás muy frustrado. Cuando estés listo, conversamos.»